Corta un trozo de un archivo de audio

Arrastra los dos extremos y quédate con lo de en medio. No se recodifica nada, así que el trozo sale idéntico al original.

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  4. 4Descarga
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Qué hace esta herramienta

Casi toda grabación tiene un principio que no le hace falta a nadie: dos minutos de gente llegando, el micro que se coloca, el «¿se me oye?». Y normalmente un final igual de inútil. Quitar eso no es editar: es lo que se hace antes de hacer cualquier otra cosa con el archivo, y no debería obligar a instalar un editor de audio.

Esta no recodifica: copia el trozo que has marcado, byte a byte, a un archivo nuevo del mismo formato. Eso quiere decir dos cosas. Que es instantánea, incluso en una grabación de dos horas, porque no hay nada que calcular. Y que no pierde nada: el trozo cortado suena exactamente como sonaba dentro del original, cosa que no pasa con un recortador que descodifica y vuelve a codificar por el camino.

Lo que aquí sí se tiene en cuenta

  • Copia en vez de recodificar: el corte es instantáneo y no pierde absolutamente nada.
  • La salida mantiene el formato del original —un MP3 sale MP3 y un WAV sale WAV—, así que no hay que avisar a nadie de nada.
  • Un reproductor ahí mismo, para encontrar el momento exacto en vez de adivinar números.
  • No se sube nada. Una grabación de dos horas se recorta sin que cruce la red ni un megabyte.

Cómo funciona

  1. 1

    Suelta el audio

    Se carga en el reproductor de abajo para que puedas escucharlo y encontrar el punto.

  2. 2

    Marca el trozo

    Arrastra los dos extremos de la barra. En el medio se ve cuánto dura lo que has seleccionado.

  3. 3

    Descarga el recorte

    Mismo formato, misma calidad y más corto. Tarda un segundo.

En detalle

Copiar en vez de recodificar, y por qué importa

Casi todos los recortadores que hay por ahí hacen tres cosas: descodifican el archivo entero, se quedan con el trozo que has marcado y lo vuelven a comprimir. El resultado suena un poco peor que el original —una segunda compresión siempre deja huella— y tarda lo que tarde el ordenador en procesar toda la grabación.

Este no descodifica nada. Busca dónde empieza el trozo, copia los datos tal cual hasta donde acaba y los mete en un archivo nuevo del mismo formato. Por eso es instantáneo aunque la grabación dure dos horas, y por eso el recorte suena exactamente igual que sonaba dentro del original: son los mismos bytes.

Recortar antes de transcribir sale a cuenta

Transcribir se cobra por minutos, y los diez primeros de una reunión suelen ser gente llegando, un micro que se coloca y dos «¿se me oye?». Eso son diez minutos que se pagan y que luego además hay que pasar de largo leyendo.

Quitarlos antes de subir el archivo es lo más barato que se le puede hacer a una grabación, y de paso mejora lo que sale: el modelo no tiene que decidir qué hacer con cinco minutos de ruido de sala, ni el resumen tiene que ignorarlos. Un recorte de diez segundos hecho aquí ahorra minutos de cuota allí.

Preguntas

¿Y si lo que tienes es el vídeo?

Súbelo y te devolvemos la transcripción con marcas de tiempo, los hablantes separados y con nombre, y un resumen con los puntos clave. Se empieza sin cuenta.