Qué formato elegir según lo que venga después
Si el audio va a escucharse y ya está, MP3 y se acabó la duda: lo abre absolutamente todo, desde un coche de hace quince años hasta el reproductor de una web. Si va a acabar en un editor —Premiere, DaVinci, Audacity, un programa de pódcast—, WAV: no está comprimido, así que puedes cortarlo, mezclarlo y volver a exportarlo sin que cada paso deje huella.
El M4A es el punto medio que casi nadie elige y casi siempre gana: al mismo tamaño suena mejor que un MP3 porque el códec es veinte años más nuevo, y es lo que graban los móviles. Su única pega es la de siempre: algún programa antiguo se atraganta. Para una transcripción, cualquiera de los tres vale de sobra; ahí lo que importa es que se oiga la voz, no el formato.