Saca el audio de cualquier vídeo

Entra un MP4, MOV, MKV, WEBM o AVI y sale un MP3, un M4A o un WAV. En tu navegador, sin subir nada y sin cuenta.

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Qué hace esta herramienta

Aquí la duda no es si se puede, sino a qué formato llevarlo, y eso depende por completo de lo que venga después. El MP3 lo reproduce todo, desde la radio de un coche de hace quince años hasta una web. El M4A es la misma idea hecha más tarde y mejor: al mismo tamaño suena más limpio, y es lo que graba un móvil. El WAV no está comprimido, lo que lo hace enorme y lo convierte en la respuesta correcta cuando el audio va a entrar en un editor.

Si va a transcribirse, nada de eso importa demasiado: 96 kbps de MP3 llevan una voz perfectamente y cualquier servicio de transcripción los acepta. Donde el formato sí importa es en la música, en lo que vayas a editar después y en lo que vayas a convertir otra vez más adelante: cada recodificación de un archivo comprimido pierde un poco más, y de los tres el único que no pierde es el WAV.

Lo que aquí sí se tiene en cuenta

  • Tres formatos de salida y cuatro niveles de calidad, para no tener que convertir dos veces hasta dar con lo que hacía falta.
  • Y una cuarta opción, «tal cual», que saca el audio sin recodificarlo: es instantánea por larga que sea la grabación y no pierde absolutamente nada, porque son los mismos datos en otro envoltorio.
  • El WAV sale a 16 bits y 44,1 kHz, que es el estándar que espera un editor, y no lo que llevara el vídeo por dentro.
  • Lee contenedores que un navegador no sabe reproducir por su cuenta, como MKV o AVI: quien descodifica es el ffmpeg de verdad, no el del navegador.
  • No se sube nada y no se guarda nada. Con la página ya cargada puedes quitarte la conexión y sigue funcionando.

Cómo funciona

  1. 1

    Suelta el vídeo

    Cualquiera de los contenedores habituales. No se mueve de tu máquina en ningún momento.

  2. 2

    Elige formato y calidad

    MP3 para que lo abra todo, M4A para el mejor sonido por megabyte, WAV para editarlo.

  3. 3

    Descarga el audio

    Con el nombre del original y la extensión nueva, listo para usar.

En detalle

Qué formato elegir según lo que venga después

Si el audio va a escucharse y ya está, MP3 y se acabó la duda: lo abre absolutamente todo, desde un coche de hace quince años hasta el reproductor de una web. Si va a acabar en un editor —Premiere, DaVinci, Audacity, un programa de pódcast—, WAV: no está comprimido, así que puedes cortarlo, mezclarlo y volver a exportarlo sin que cada paso deje huella.

El M4A es el punto medio que casi nadie elige y casi siempre gana: al mismo tamaño suena mejor que un MP3 porque el códec es veinte años más nuevo, y es lo que graban los móviles. Su única pega es la de siempre: algún programa antiguo se atraganta. Para una transcripción, cualquiera de los tres vale de sobra; ahí lo que importa es que se oiga la voz, no el formato.

Los contenedores que tu navegador no sabe abrir

Un MKV descargado de una cámara, un AVI de hace diez años o un FLV que salió de una web vieja no se reproducen en Chrome: le das a play y no pasa nada. Eso no significa que estén rotos, sino que el navegador solo trae unos pocos descodificadores de serie y esos formatos no están.

Aquí sí se abren, porque lo que corre dentro de la pestaña es un ffmpeg completo, el mismo que usan por debajo los conversores de escritorio. Lee el contenedor, encuentra la pista de audio y la saca aunque el navegador no fuera capaz de enseñarte ni un fotograma del vídeo.

Preguntas

¿Y si lo que tienes es el vídeo?

Súbelo y te devolvemos la transcripción con marcas de tiempo, los hablantes separados y con nombre, y un resumen con los puntos clave. Se empieza sin cuenta.