Convierte un vídeo MP4 en audio MP3

Suelta el vídeo y quédate solo con el sonido. Pasa en tu navegador: no se sube nada, no lleva marca de agua y no pide cuenta.

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Qué hace esta herramienta

Un MP4 es una caja con dos cosas dentro: una pista de vídeo y una de audio. Convertirlo en MP3 no es tanto convertir el archivo entero como tirar la imagen —que es el 95 % del peso— y volver a codificar lo que queda. Por eso una charla de un giga acaba en un MP3 de cuarenta megas que suena exactamente igual.

Lo normal para esto es entregarle una clase, una entrevista o la grabación de una llamada a una web de la que no sabes nada, esperar a que suba y confiar. Aquí el archivo no se mueve: el mismo ffmpeg que esas webs ejecutan en sus servidores corre dentro de tu pestaña, y por eso no hay cola, ni tamaño que nos cueste dinero, ni nada que tengamos que prometerte sobre tu archivo.

Lo que aquí sí se tiene en cuenta

  • La pista de vídeo se tira, no se convierte. Ahí está todo el peso, y arrastrarla es lo que deja «MP3» que algunos reproductores se niegan a abrir.
  • No se sube nada, así que no hay cola ni espera de subida: en un portátil normal, una hora de vídeo tarda cosa de un minuto.
  • Archivos de hasta 500 MB. El vídeo se lee a medida que hace falta en vez de copiarse entero en memoria, que es lo que suele matar a estas herramientas dentro de una pestaña.
  • Sin marca de agua, sin correo y sin cinco conversiones al día. No hay nada que limitar: no nos está costando nada.

Cómo funciona

  1. 1

    Suelta el MP4

    También valen MOV, MKV, WEBM y AVI. Se lee directo de tu disco: no se sube nada.

  2. 2

    Elige la calidad

    192 kbps es la opción sensata. Para una charla o una entrevista, con 96 sobra y pesa la mitad.

  3. 3

    Descarga el MP3

    Listo para tu reproductor, para el móvil o para subirlo a transcribir.

En detalle

Por qué un vídeo de un giga sale en cuarenta megas

Porque la imagen es casi todo el peso. En un MP4 corriente, el vídeo se lleva entre el 90 y el 95 % del archivo y el sonido va en una pista aparte de 128 o 192 kbps que ocupa poco más de un mega por minuto. Al quedarte solo con el audio no estás comprimiendo nada de golpe: estás tirando la parte gorda.

La cuenta es fácil de hacer antes de empezar: el bitrate por la duración. A 192 kbps son 1,4 MB por minuto —85 MB por hora— y a 96 kbps, la mitad. Lo que pese el vídeo original no entra en esa cuenta, así que da igual que sean 300 MB o 4 GB: una hora de charla acaba pesando lo mismo en los dos casos.

Cuánto tarda y por qué

Aquí no hay servidor haciendo el trabajo: lo hace tu ordenador, dentro de la pestaña, y sobre un solo núcleo. Un ffmpeg normal usaría todos los que tengas; el que corre en el navegador va en un hilo a propósito, porque la versión multihilo obliga a unas cabeceras que romperían la pasarela de pago del resto de la web. La consecuencia es que se procesan unos quince minutos de vídeo por cada minuto de espera: una grabación de hora y media son unos cinco o seis minutos.

La calidad que elijas casi no cambia esa cifra —codificar a 320 kbps cuesta apenas más que a 96—, y lo que sí la cambia es el ordenador. Por eso, en cuanto la barra arranca, el tiempo que se enseña deja de ser una estimación y pasa a calcularse con lo que está tardando de verdad en tu máquina. Mientras tanto la pestaña tiene que quedarse abierta: cerrarla detiene la conversión igual que cerrar un programa.

Preguntas

¿Y si lo que tienes es el vídeo?

Súbelo y te devolvemos la transcripción con marcas de tiempo, los hablantes separados y con nombre, y un resumen con los puntos clave. Se empieza sin cuenta.